Los alimentos funcionales ¡funcionan!

Los alimentos funcionales ¡funcionan!

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Ahora, lo que se lleva son los alimentos funcionales.

Está ampliamente demostrado que los alimentos de la dieta pueden ejercer efectos beneficiosos sobre la salud. Por el contrario, los malos hábitos alimenticios pueden contribuir a la aparición de enfermedades. Del anhelo de una “nutrición adecuada” -que  aporte las cantidades de nutrientes necesarias-, hemos pasado a la búsqueda de una “nutrición óptima”, en la que también cuenta el hecho de que se incluyan en la dieta elementos nutricionales que nos otorguen protección frente a ciertas enfermedades.

En la actualidad, en los supermercados proliferan alimentos de los que se alega que “ayudan a controlar el colesterol”, “aumentan las defensas”, etc., pero el concepto no es nuevo. Recurrir al consumo de determinados alimentos para combatir enfermedades se practica desde épocas remotas -con o sin fundamento científico.

Se consideran alimentos funcionales aquellos que contienen componentes biológicamente activos, que ejercen efectos beneficiosos en una o varias funciones del organismo y que se traducen en una mejora de la salud o en una disminución del riesgo de presentar enfermedades. En esencia, un alimento funcional debe reunir dos condiciones: primera, la de ser propiamente un alimento en cuanto a sus características, forma de consumo y valor nutritivo; y segunda, la de poseer una actividad biológica positiva para la salud, que vaya más allá de su valor nutritivo.

Los alimentos funcionales tienen un impacto publicitario considerable. Todos conocemos los yogures con calcio y vitaminas A y C; las leches  fermentadas con ácidos grasos omega-3, fitoesteroles o bacterias probióticas específicas; los cereales con fibra y minerales; o el pan con ácido fólico.

En España, se comercializan actualmente alrededor de 200 tipos de alimentos funcionales.

Ante este tipo de alimentos surgen preguntas como: ¿dónde está la frontera entre medicamento y alimento?, ¿pueden los alimentos funcionales llegar a sustituir a algunos fármacos? Una cosa son los medicamentos que persiguen la curación o la prevención eficaz de una enfermedad y otra los alimentos funcionales que, junto con otros elementos del estilo de vida, persiguen ayudar a reducir el riesgo de presentar ciertas enfermedades o a actuar como coadyuvantes en su tratamiento.

Las leches con calcio y vitaminas fueron de loos primeros alimentos funcionales. Hoy existen alimentos enriquecidos con elementos que no nos suenan tanto, como la colina. La colina es necesaria para el funcionamiento normal del hígado. Sus funciones hepáticas incluyen el proceso de sustancias tóxicas como el alcohol y el tabaco. Además el hígado interviene en el transporte de colesterol y triglicéridos y a almacenar energía. Este es el papel de la colina sobre la salud y la enfermedad que mejor se conoce, pero además puede modificar el riesgo de enfermedades cardiovasculares y se han realizado estudios que sugieren que tiene un papel en la mejora de la capacidad de aprendizaje y memoria.

El objetivo de tomar el alimento funcional es el de ingerir el “ingrediente añadido”. Pero, ¿y si me gusta mucho el alimento funcional en cuestión y me tomo demasiado?, ¿y si no me gusta el alimento al que se ha añadido la colina?, ¿y si me sienta mal la lactosa que incluye el alimento? En estos casos, existen complementos alimenticios con ese “ingrediente” en cuestión, con el mismo efecto nutricional o fisiológico, que se comercializan en forma adecuadamente dosificada (en cápsulas, pastillas, ampollas de líquido…), y que pueden tomarse con agua.

El objetivo de las diferentes categorías de productos alimenticios, como los alimentos funcionales o los complementos alimenticios, es el mismo: aportar beneficios a nuestro organismo, complementando nuestra dieta.

 

Referencias

  1. Montoro MA. & Garcí JC. Guía de alimentos funcionales. Sociedad Española Nutrición Comunitaria (SENC).
  2. Carou, M. V., & Font, A. M. (2006). ¿Cuándo deben recomendarse los alimentos funcionales? Jano: Medicina y humanidades, (1617), 30.
  3. Cadaval A et al. Alimentos funcionales para una alimentación más saludable. Sociedad Española Nutrición Comunitaria (SENC), 2005.
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